miércoles, 18 de noviembre de 2009

Día 52

El gato yacia sobre sus patas, atrapado en su agilidad. Junto a la puerta de barrotes llenando las hendiduras de esos espacios vacios. Patas, tronco y cabeza en tres espacios y pareciese tiempos distintos, sólo la cola blandengue y alerta imaginase libre del problema. Y asi pasaba el rato, cuando de pronto entre mirada y mirada, zas, el gato que volvió a su forma, fue sólo un segundo en el que aparte la vista. Ahora, estrechando las huellas de siempre, el animal lame cada uno de sus miembros, una y otra vez los bigotes que se pegan al roce y la repetición, el aire se hace distinto para los ojos que no conciben que es tan fugaz y poco literal explicarlo todo.
Yo sé que el aguarda también la noche, saltará una vez más por el techo, se prepara entre tanto, probará estar alerta, y volverá a su gracia de figura sombría, el gato no se engaña, ni peca, está en su derecho.
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El es natural.

martes, 17 de noviembre de 2009

Día 51

"Estaba fuera. Era de noche, y hacia frío.
Anduve algunos metros sobre la acera irreal. Me detuve y contemplé los edificios. Era el momento más bello de mi vida, sin más. Prendí un cigarrillo, y la brasa crepitó. Hacía frio. El humo tenía un sabor a avellana salada. Detrás de una ventana iluminada, en un tercer piso, telefoneaba una mujer. El mundo se extendía a mi alrededor, bajo la luz de las farolas, inmenso y animado por doquier. El tiempo por venir es un tiempo virgen, el porvenir es libre y el mundo es inmenso. Todo me pertenece."
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Página 69 - El camello salvaje

domingo, 15 de noviembre de 2009

Día 50

Un iceberg llamado Poesía
de Pablo Guevara

Y como yo no era heredero de nada

-y no prometía nada a nadie… salvo unas palabras sueltas
unas letras apenas garrapateadas… letras por escribir
a mediano y a largo plazo aún por redactarse…

Yo no podía condenar a nadie
a vivir en mi compañía a vivir entre la luz y las tinieblas
las tinieblas y la luz y las soledades
por muchos años luz…

sábado, 14 de noviembre de 2009

Día 49

33
de Luis Valle Goicochea

Ahora yo recuerdo que la Muerte
no buscaba la entraña de la tierra,
sino que divagaba por el pueblo...
Allí se vivía muriendo; se igualaban
muerte y vida; tal era la tristeza
y el cansancio que regían
el discurrir ambiguo de las cosas...
El saúco triste y su fatiga, las campanas
que eran trémulamente amargas
en la fiesta así como en el día
en que alguno acababa...
la fuente,
la piedra del camino, nos decían
que allí se moría para
quedar invisible, viajando solitario,
entre las mismas gentes y los mismos árboles.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Día 48

Cazador de espejismos
de Elqui Burgos

1
con qué buen tino con qué buen tacto
cauto extremadamente cauto hasta más no poder desdeño lo
inverosímil
con cuánta previsión y sagacidad preparo mi espíritu para el
asalto
ningún cielo ninguna enormidad debe sorprender mis ojos el más encarnizado y furibundo no de alguna muchacha
se estrellará en mi coraza
lento lento y muy pausadamente permito que el mundo ingrese
a mi casa
y estoy a punto de creer que es mucho más hermoso que mis
propios y secretos
anhelos
a punto de decir nosotros nuestro el intento
ah frenético el manoteo de nuestras manos bajo la roja manzana y que conste los muertos no nos impulsan al sacrifico
ninguna nueva variedad de jesuitismo nos hace sentir culpables alabado pues sea el supremo esfuerzo que haga nuestro el galardón
bendito el nombre de mis hermanos
hosanna hosanna soy tan feliz como el más intenso amanecer en
el corazón de un loco

2
vimos fieras y mordeduras el espeluznante intento de refrescar
un espíritu
observamos tu vehemencia palpamos tu sed
tu alma reseca como tierra jamás visitada por la lluvia
y te vimos morder de golpe el fracaso derrumbado bajo el peso
del corazón
di entonces desdichado cazador de espejismos a qué tanta
obstinación
a qué como astro desprendido acuchillarse la piel en este vano
afán
el de ser remolcado por el júbilo de los creyentes que pasan

3
a pesar que soslayo vejaciones relego ultrajes de la vida
digo rata hombre alimaña he aquí el iluminado
la conciencia de que no se puede vivir sin que nada te apasione
bien he comprendido la necesidad la urgencia
un mito creencia y certeza de arañar la pulga de algo verdadero no importa que en pleno salto mortal unos vampiros pigmeos
horribles
corten ojos y trapecios en el acto más cruel de ilusionismo
no importa importa que entre mi deseo esfumen el manantial que ahora
espejea allá a lo lejos
o el rato menos pensado cuando tú menos esperas
mensajeros anuncien a tu puerta buenos y espléndidos augurios perdido cazador así es la vida
terrible y a la vez inabdicable territorio
por donde el más perfecto aullido pasa y arrastra
y cercena en mil pajadas el espejismo o estrella que perseguías
estrella que rueda y rueda y siempre rueda
en el vasto llano del descontento
así es la vida mas ay de mí si nunca yo muriera

jueves, 12 de noviembre de 2009

Día 47

El acertijo
De José Watanabe

Tumbado en la cama busco el ángulo, la coincidencia,
el montaje visual que me permita sacar los pies por la
ventana.
De este modo mis pies van a posarse en la pequeña colina de
las amapolas.
Allí permanecen toda la tarde moviéndose acompasadamente
como metrónomos. Los miro
pálidos y delgados.
Recuerdo que no hace mucho entre ellos se repartía
el instinto del vago
que viaja intuyendo las pieles más amables de la tierra,
arena, yerba, polvo, una y otra piedra en medio del río,
y sin extraviarse nunca.

La colina de las amapolas oscurece, recojo mis pies.
En el cielo empiezan las estrellas, numerosas y parpadeantes.
La más brillante y seguramente la más sarcástica
se acerca hasta el filo del tejado:
"Entre nosotras hay un acertijo, un camino
disimulado, el largo camino de regreso a tu casa,
tienes que encontrarlo posando el pie en la estrella
correcta".

En un hospital se confunden las voces propias y las flotantes.
La estrella ha hablado?
Díganle que mis pies han perdido el instinto del vago
y que el acertijo es muy cruel.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Día 46

"Las ciudades me dan miedo. Pero no hay que salir de ellas. Si uno se aventura demasiado lejos, encuentra el círculo de la Vegetación. La Vegetación se ha arrastrado kilómetros enteros en dirección a las ciudades. Aguarda. Cuando la ciudad esté muerta, la Vegetación la invadirá, trepará por las piedras, las estrechará, las escudriñará, las hará estallar con sus largas pinzas negras; cegará los agujeros y dejará colgar por todas partes sus patas verdes. Hay que quedarse en las ciudades mientras estén vivas, no se debe penetrar solo bajo la gran cabellera que está a sus puertas; es preciso dejarla ondular y crujir sin testigos. En las ciudades, si uno sabe arreglarse, escoger las horas en que los animales digieren o duermen en sus agujeros, detrás de los montones de detritos orgánicos, sólo se encuentran minerales, los existentes menos horrorosos."
...
Página 197 - La náusea